El sábado acudí a un bodorrio en Acapulco. Conocido es de todos que soy partidario del jolgorio en sí mismo, pero cuando se trata de una fiesta a gran escala, con el mar de fondo y alcohol a granel... bue. El placer se multiplica.
Acudí a dicho evento sin ser colado, pero casi. O sea, era el hermano del mejor amigo del hermano de la novia. Lo cual es completamente positivo, porque acarreas cero responsabilidad y todo el empuje lo puedes enfocar al goce y roce social.
Se vino la ceremonia en la playa, luego ese concepto que fonéticamente detesto: el looooouuuungggeeee (agh. Es como cuando dicen loooooooft. Recontra agh). Después la cena, el postre que por sí solo valió el viaje. Y para el cierre climático, el baile con el respectivo conjunto.
¿Qué? ¿Que no hay qué? O sea... ¿cómo? ¿No hay conjunto?
¿No hay conjuntoooo?
Ah chingá... ¿por qué?
Resulta, mis estimados lectores del variopinto escenario cibernético, que el conjunto de boda ha pasado de moda. Ya no usa. Ya no va. Como que ya no. Incluso, según entendí por algunos comentarios, ya hasta es... (caray, me duele decirlo, híjoles qué pena)... ejem... uhhh...
Naco. Cha cha chale.
Entonces, ya no sale acá el vocalista malandrín para darle la bienvenida a los novios en la afamadísima "recepción". No noooo, ya no. Ya no hay lugar para el Grupo Estrella, para el Conjunto Marianela, para Jimmy y su banda peligrosa. Ya no hay el guitarrista gordinho de lentes de fondo de botella. Ya no hay bataco apasionado que se cree de los Tin Tops. Ya no hay coristas gordas mamacitas que pueden ser el blanco de ligue del tío borracho. No. Ya no. O al menos eso parece.
A cambio, ahora está el DJ que básicamente pone las mismas canciones que tocaría el conjunto, para luego dar paso a una selección musical como de antro fresa. Ps no me molesta, pero...
¡Noooo!
El conjunto invitaba al ridículo, al cotorreo, a la cosa bonita del viboreo. O sea, la tía Guadette sí se podía animar a bailar con el conjunto en el escenario, pero con el DJ es otro pedal. Adiós al No Rompas Más, a los Globitos de Divorciado. Adiós al ritmo de música sin parar, y de 10 minutos de descanso para el vocalista (para que se empede). Por lo mismo, al no haber micrófonos, adiós al sentido discurso del padrino, o del tío imprudente, o del amigo borracho que dice "verga... hip, uts, perdóng".
¿Tengo razón o estoy exagerando? ¿O acaso este proceso ya lleva tiempo y estoy atrasado?
Mientras ayudan a discernir, lo bueno fue que me la pasé bien chicles. Y además de este primer descubrimiento antropológico, tuve a bien descubrir otro dato importante:
Los Jonas Brothers, la sensación de niñas y adolescentees, con putimillones de discos vendidos y demás parafernalia... son mexicanos. De Querétaro, para ser específicos.
A continuación, Jonas Brother número 1:
Tenemos acá también al Jonas Brother número 2:
Y claro está, el Jonas Brother número 3:
Haciendo la distintiva 'J' de Jonas Brothers, para que no haya duda.
Para Tania y Juan José, ¡Feliz matrimonio! (este... seeh Chanfle, gracias). Y para Harry por girarme la invitación.