Monday, January 07, 2008

Juanito y la desconfianza

Juanito Meneses es una contradicción en sí mismo. En él pensaron cuando se inventaron el refrán de que las apariencias engañan. Figúrense a un tipo con la mata de Paco Palencia (tal cual), el rostro del hombre en el escudo del Colo Colo y el outfit de Gael en Y tu mamá también. Ahora pégenle el ojo de David Lynch, el ánimo de discusión de un perredista y el talento plástico-tecnológico de Carlos Carrera (outfit, qué chingona palabra).

Un pinche debraie. El punto es que cuando conocí a Juanito en segundo semestre de ComunicacióN en la Ibero pensé que me iba a aventar por la ventana o algo un poco más sádico. Pero nada más lejano. Resulta que yo de fresita y él de Juanito registramos más coincidencias de las imaginables: el gusto por la apuesta tonta, por el cine, por la burla al prójimo, por el Azul, por la preocupación etérea, por la chapata del Cindy, por el pasto de la Fuente, por la chorcha, por el alcohol, por la trajinera, por las mujeres...

Y ayer, en mi habitual navegación por el mundo bloggero, encontré un post de Juanito sobre la desconfianza, basado en uno previo de la Plaqs sobre el mismo tema. Pero este cabrón se clavó y enlistó un montón de condiciones que lo hacen desconfiar de la gente... de entrada. Y de pinche risa, muchas me embonaron las siguientes:

Posteó Juanito: desconfío de la gente... (entre paréntesis mi defensa)

- que precopea y "va de antro". (Ah chingá, qué tiene mi gusto por precopear acá fresón...)
- que usa audífonos en la oficina. (Ahí te encargo que conozcas a ciertos especímenes y vas a ver si tú no los usas también cabrón)
- que viste de traje. (Pus es la chambaaaa....)
- que oye y/o le gusta físicamente Britney. (Ayayayayay, ¿a poco a tí no... cabrón?)
- que es hombre y saluda de beso a otro hombre en México. (Mch, soy libanés)
- que le gusta el metal y/o progresivo y los defiende. (Dream fucking rules)
- que no se toman la cerveza como viene, la piden "michelada". (Na mams, el limón es lo máximo)

Lo bueno es que al final pone que después ya los conoce y suelen caerle bien. Si no hubiera sido así, tal vez nos hubiéramos quedado en el genial y poco confiable mundo de las apariencias, nuestra amistad no hubiera cuajado y este post no hubiera existido.

Yo también tengo mi propia lista de desconfianzas iniciales. Y diría, así de botepronto,
Desconfío de la gente...

- que festeja goles arrullando un niño, dedo en la boca, balón en la panza, pucheros fingidos, o cualquier alusión mamona a sus hijos. No chinguen, invéntese algo distinto carajo.
- que te dice 'bro' cuando recién te conoce.
- que usa cadenas de oro vistosas.
- que come tacos o sopes o quesadillas con cubiertos.
- que le llama "cine de arte" a Lynch, Kubrick, Fincher o directores conocidos pero cool (sí, cool y qué pedo), porque simplemente no los conoce y las películas son largas y (aaaagh) "lentas".
- a la que no le gusta una película por ser (aaaaaaaaagh) "lenta".
- que simulan cantar una rola porque todo el mundo la canta, no se la saben y balbucean algo así como whatsumaaaaaaaaforisgoooooone... (pffffff, mejor no le hagan a la mamada).
- que te cuentan su vida a la primera plática.

Y como dudo mucho que con alguna de éstas le quede el saco a Juanito, agradezco nuestras diferencias, tiro las apariencias a la basura y me quedo con las tantas veces que nos hemos sentido amigos de verdad.


Para Robinho, que con sus pinches fantochadas originó este post.

Saturday, January 05, 2008

Clamor desde el fondo de mi alma

Sé que no faltarán los (as) puristas que trinarán la cantaleta de que todo empleo es digno y la chingada. Pero la neta aquí no hablo de dignidad, sino de utilidad. Y no, para responder a la típica pregunta que nace cuando me empiezan a leer o escuchar en este tono, no, no estoy de malas.

Hablo de los organilleros. Los detesto. Me cagan. De verdad, y no sé por dónde empezar. Ya sé no me “hacen nada”. Ya sé que “mejor eso a que roben”. Ya sé que es una “tradición” (tradición de qué…, no sé, pero bueno, así dicen). Ya sé todo eso. El punto es son inútiles, hacen ruido, no tienen razón de existir y menos, mucho menos, estaría dispuesto, nunca jamás, a darles un peso de mi bolsillo (allá ustedes).

En caso de extinción, ¿alguien reclamaría? No. ¿Alguien extrañaría el Cielito Lindo en absurda distorsión? Nooooo. ¿Alguien clamará por aquellos organilleros que tocaban Las Mañanitas en sus cumpleaños? Nooooooooooooo. ¿Alguien apoyaría una manifestación de 134 organilleros haciendo un escándalo bestial en alguna calle del deefe para que les regresen sus "instrumentos"?

Desde el fondo de mi alma... Naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah.

¿Algún organillero (o cilindrero) me hizo algo? No. ¿Traumas de la niñez? No, tampoco. Lo u.n.i.c.o. es que se me hace una reverenda tomada de pelo que un monigote le ande dando vueltas a una palanca para que una cajita suene verdaderamente espantoso, y además, te pida una feria como recompensa.

¡¿Como por quéeeeee?!

En la esquina camellonera de Miguel Laurent y Universidad hay uno que siempre me tengo que fletar por el alto eterno, y antes de emitir algún juicio sobre su falta de mérito, les pregunté si al menos ellos construían la partitura o qué sé yo. Pus noooo, la música ya está hecha, nosotros nomás las ponemos y le giremos. Algo así me dijo. Futs. Además descarados.

Además no entiendo el atuendo. ¿Por qué vestirse como polis de los 40? Y normalmente traen la camisa abierta y enseñan orgullosos la camiseta Trueno, que por lo general, incluye dosquetres bújeros elegantérrimos. Niceeee.

Repito, no traigo nada contra estos carnales, pero es que no pesco el chiste. Ya alguna vez despotriqué en este honorable blog sobre la inutilidad y pestilencia de la red de viene-viene’s y de porqué son el “empleo” más injusto de esta venerable ciudad. Los organilleros no me despiertan esa rabia, sólo se quedan en la indiferencia. Sin embargo, todos los aparatejosesos, tan gonitos que se ven, tan "nuestros" del México “tradicional”, tan ornamentales en el ya de por sí saturado paisaje urbano, por mí los pueden quemar y hacerlos leña para fogata con todo y los sombreros de los ejecutores.

Pero como eso no sucederá y seguirán existiendo organilleros en las esquinas, yo tengo una sencilla solución para mi condena: cerrar ventanas y subirle al volumen.  Yo nomás digo.

¿Quién se une?


Para Jimena y el esfuerzo para comprimir las despedidas a un instante de agradable dolor.

Saturday, December 29, 2007

All Apologies

La última edición de Esquire es una conmemoración de los 10 años de la creación del What I've Learned. Sé que ya los he mareado muchísimo con este rollo de la sabiduría cotidiana, pero no dejo de sorprenderme de lo útiles que pueden ser ciertos pensamientos, ideas o sentimientos de personas que no tienen nada que ver con uno.

Éste es el último post del 2007. Un año en el que aprendí más en el después que en el durante. Un año en el que tuve que darme de topes y rectificar varias veces y volver a equivocarme para entender qué es lo que deseo en estos momentos. En el balance general, aprendí más cosas en el 2007 que en el 2006, a pesar de que el 2006 fue más "placentero". Aprendí a soltar, aprendí a entender, aprendí que debo confiar en las decisiones que tomo. Y que uno debe ser lo suficientemente sabio como para detectar un error y enfocar todas sus energías para enmendar el camino.

Por eso, no hay mejor manera de cerrar el 2007 en u.n.i.c.o. que compartiendo las enseñanzas (mías y de otros) que el año arrojó en términos de sabiduría cotidiana.

Y dice así,

+ Resentment is like drinking poison and waiting for the other person to die (Carrie Fisher).

+ Las aceitunas negras son mejores que las verdes, por mucho. Saben mucho mejor si se les coloca en un recipiente con aceite de oliva y dos rodajas de limón. Mientras más tiempo pase, mejor sabrán.

+ Las quesadillas de pan árabe con aceitunas negras son la mejor cena en el mundo. En el mundo.

+ If I had been married earlier in life, I wouldnt have seen the double helix. I would have been taking care of the kids on Saturday. On the otherhand, I was lonely a lot of time (James Watson, codescubridor del DNA).

+ La vida es un panorama de grises. Me la paso diciendo que todo tiene pro's y contra's pero a veces no me escucho. De verdad que no hay nada peor que ver la vida en blancos y negros. Bueno, excepto de cuando se trata de una película de Francois Truffaut.

+ La gente lee menos de lo que dice leer.

+ Ego is necessary (Jerry Lewis).

+ Crazy es mejor que Crying. Y Amazing mejor que las dos juntas.

+ The fuel for the sports fan is the ability to have private theories (Jack Nickolson).

+ Surprise is the lubrication of adventure (Rod Steiger, primer entrevistado del What I've Learned).

+ Cuando lees que Alonzo Mourning decide retirarse, y tu ídolo era Alonzo Mourning cuando era novato, es que ya no estás taaaaaan joven como dices.

+ Años y años ha existido la incógnita del nombre de La Pantera Rosa y siempre ha estado en nuestras narices. Rosa, claro.

+ Subestimamos el poder y la valía de la Ciudad de México. No importa qué tan cabrones estén en otros lugares del mundo, México es LA ciudad del mundo. Sí, soy chilango y qué pedo. Y se dice Ciudad de México, no Distrito Federal. "¿De dónde eres? De Nuevo León...". ¿Verdad que no?

+ Vivan tantos conciertos y partidos de futbol como puedan. Son pequeños orgasmos mentales que perduran para siempre.

+ Y sí, sigo creyendo que el amor es una elección. Una elección que debe ser tomada con sabiduría, tranquilidad y mucha paciencia. También es cierto que cuando el corazón te pone una pistola en la sien para elegir, ni cómo hacerle.

+ Eso sí, más vale solo que mal acompañado.


PARA TODOS AQUELLOS (AS) A LOS QUE LASTIMÉ INTENCIONAL O INCONSCIENTEMENTE EN ALGÚN MOMENTO DE ESTE AÑO.

Thursday, December 27, 2007

Belleza física

Es un pleonasmo ¿no? La neta, cuando decimos guapa o guapo o sabrosa o intensa o cualquier otra referencia caldufa, nadie piensa en el I.Q. de la persona. Belleza física. ¿A poco hay otra?, diría Inphi.  Pues sí... pero la neta a quién le importa, jaja (no es cierto, es broma... o bueno, más o menos). 

El caso es que el viaje a Japón me obligó a reconceptualizar la belleza. O al menos a flexibilizar mis criterios. Al principio es yapanís y puro yapanís. Pero con el paso del tiempo como que le buscas y no encuentras. Y luego ya encuentras, medio a huevo, pero encuentras. Y aunque no son mi raza favorita, en respuesta a David: sí, sí, cómo no, las japonesitas pasan.

Ahora bien, para darle cerrojo a esta serie de posts del yapanís, expongo a continuación el anti Top3 de la belleza japonesa. Oséase, los 3 más pinches feos que encontré (y que pude fotografiar, claro). Aquí les van los siguientes monigotes (ayyyy, pero seguro son bien lindoooooos... jaja)

En el tercer puesto: ¡El primo de Yoshiooooo!

En el segundo sitio: ¡La versión yapanís de Manuel Negreteeeee!

Y en el primerísimo lugar: ¡El abuelo de Kokíiiiiiin!


Y para que vean que no discrimino, Ladies choice: ¡La verdadera Oyukiiiii!


Metodología: Fotografías tomadas alrededor de varias estaciones de metro de Tokio. Nadie salió lastimado en la realización de este post. Bueno, ellos sí, moralmente, pero vaya, ni se van a enterar.


Para Shants. Reina de la acidez y espectáculo total.

Tuesday, December 18, 2007

Roppongi

PRÓLOGO

Salí a ver qué pasaba, y la noche me reventó la imaginación. Roppongi es un remedo de la Zona Rosa, y si de por sí la Pinky es fea, ahora imagínense lo mismo pero en japonés, sin certeza de los lugares y con el miedo que ello acarrea. En mi primero de dos sábados en Tokio, me lancé una vez acabada la chamba y parecía renacuajo en estanque de cocodrilos. Yo, semejante gorilón como dice mi madre, mostré lo sacatón, agaché la cabezota (¿qué más puede uno agachar?) y caminé y caminé y caminé sin meterme en lugar alguno. Pura frustración. Así que para no irme con la espinota clavada, para mi segundo sábado decidí regresar pero en serio. Me dije a mí mismo, mi mismo, te vas a meter al lugar que se te antoje meterte y mínimo una chela. Sin complejos. Mi mismo asintió y nos lanzamos a la acción.

PRIMER ACTO

Escaleras para abajo, empujo la puerta y uno de esos pubs típicos para extranjeros. Un lugar disponible en la barra y a mi lado un japonés, a su lado una güerota, luego un ruco que se parecía a Jacques Cousteau (a mí se me hace que ya le custó) y el hijo de Sammy Davis Jr. Pido una Asahi (buena, por cierto) y el jap me saca platica en inglés medio masticado. La güera interviene y entre que me traduce y me platica. Después de contarles a qué iba a Japón, devolví la pregunta. “I’m a buddist priest” (aaaah cabrón! Y tan pedote me saliste…). And this is my wife (aaaaandale chiquito, mira nomás)”. Él tiene 47, ella 29 y es sueca. ¿Qué coños hace una sueca en Japón dando clases de inglés y casada con un sacerdote budista? Yo creo que es el seks apil.

SEGUNDO ACTO

Escaleras para arriba, ábrete Sésamo y el paraíso. Seventh heaven o algo así. Sólo que el paraíso costaba mucho dinero (700 varos el cover con dos chupes y ‘sin límite de tiempo’, me dijeron. 300 el privado y de lejos, naaaah, no sale, jaja). Eso sí, calidad calidad.

TERCER ACTO

Un edificio que bien podría estar ubicado en la Guerrero por su apariencia, pero es Tokio y ahí no pasa nada (hay que señalar que los japones instalan sus lugares de esparcimiento en edificios, como los inquilinos del desmadre).

a) Tecleo tercer piso y llego a un departamento cuya sala-comedor está atiborrada de artefectos y utensilios dedicados a la exaltación y creatividad de las actividades físico-vigorosas. O sea, una sex-shop. Nadie atendía. Llegué a pensar que era un museo, porque dudo que alguien se atreva a ponerse lo que ví. Unas cosas acá con filos y cuerdas y cuero, y al menos en las fotos parecían muy poco cómodas. Digna de mencionarse, una máscara como la de Hannibal Lecter, pero con una bola de beisbol en medio, lista para morderse. Naughty naughty naughty.

b) Tecleo cuarto piso y cerrado.

c) Quinto piso y algo que nunca en mi pinche vida había visto y pienso que no veré jamás. En la entrada el letrero decía “Valentine’s call”. El empleado me ve y me muestra una cartulina que palabras más palabras menos rezaba: “La ‘esclava’ sólo habla japonés, en inglés no se le puede atender. Lo sentimos mucho”. Pensé, ah caray, si en el lenguaje del amor y de las cochinadas el idioma no importa. Seguí investigando y después de varios ademanes poco agradables del monito éste, supe de qué se trataba el manicomio en el que me encontraba. Resulta que los jap’s se meten a un cuartito donde hay tele, DVD, grabadora y teléfono, y de ahí marcan a una mujer que, como me advirtieron, sólo atiende en japonés. O sea, pagan para que… ejem, ehhh (nenas, tápense los ojitos), los muchachos se estimulen hasta la saciedad.

d) Ya no quise subir al sexto. ¿Qué seguía? ¿Zoofilias y perversiones vegetales? Ahí muere. Bajé todo tarado, pero en cuanto empecé a caminar me cagué de la risa. ¿Por qué no?... ¡Otro edificio!

CUARTO ACTO

Piso 1: un bar de jazz en el que convivían unos gandules que bien podían haber sido Pepe Toño y su pandilla (te lo juro Pip, y lo digo en el buen sentido, acá todos guajiros y alucinados). Piso 2: un bar de chicas al que no me dejaron entrar por no ser japonés. De la que se perdieron. Piso 3: Only club members. Que se lo coman con queso. Piso 4: La azotea, va de regreso.

QUINTO ACTO

Regresé a la calle principal y de repente oí en un sótano música guapachosa y dije de aquí soy. Otra vez en diálogo con mí mismo: uno, dos, tres quiebres cantinflescos de los míos y seguro caen redonditas las niponas. Ajá guey, cómo no. El bar era de brasileños, que por cierto, se mueven muy cabrón. Y todas sus parejas eran japonesas, que por cierto, las movían aún más cabrón. Eran como Selinas pero con el tambo más moldeado y caras de Yoko Ono. Yo petrificado. Y luego de otra chela, el DJ se avienta la puntada. ‘This is the last song’. Y que le cae caca al mole: el inconfundible tonito de voz del hígado de Luis Miguel. Hazme el c. favor, Luis Miguel en Tokio. Odio a Luis Miguel, el artista más sobrevalorado de nuestros días. El guey saca un disco con tres versiones de Alvin y las Ardillitas y vende 345 millones de copias tan solo en su primer fin de semana. Lo detesto. Fue el signo de que debía seguir.

SEXTO ACTO

Ya me encaminaba al hotel cuando leí la palabra mágica: masajes. No sabía si era del normal, del terapéutico o del de happy ending. Pues entré y ninguno de los tres. Eran unas chinas que hacían masajes en los pies. Pagué 30 minutos y qué cosa. Me quedé jetón luego luego de que me aplicaron la cubetita del pedicure (no manches qué chingón, ya sé porqué a las viejas les gusta tanto). El primer pellizcón a la planta me dolió a madres, pero ya no los subsecuentes. Y me vistieron con una pijamita como de kimono pero con tela de escocés y kimono me veía. Parecía William Wallace en la pubertad.

EPÍLOGO

Un tipo de Uzbekistán me vende un kebab (misma premisa que con la Georgia de Kakha Kaladze: ¿algún día conoceré Uzbekistán? ¿algún día conoceré a alguien más de Uzbekistán? ¿todavía existe Uzbekistán?). Me dijo que si lo quería con salsa y me ofendió. Sacó el frasco y me mostró una Cholula. ¡Uuuuuy pues lo que el viento a Juárez güerito! Dicho y hecho. Pero agárrate en el hotel. Después de 10 días de puro gohan, el kebab me retuvo una horita en el baño. Nunca tantas rarezas en una noche, nunca tanta sorpresa en un viaje. Esas horas en Roppongi, dignas de recordarse.


Para Soko y Ulrika, vaya especímenes.

Wednesday, December 12, 2007

Yo mejor me aguanto

O el post que se pudo llamar:

- Águila que cae.
- Atínale si puedes.
- Ojalá que el viento no me traicione.
- ¡Chíngale! Yora, ¿cómo le hago?

¿Por qué? Pues porque ayer caminaba en los alrededores (por cierto, cuando dicen eso, ¿a cuántos alrededores se refieren?) del Estadio Nacional de Tokio y pasé a un baño público. Para hacer del 1 pues sin bronca, muy cómodos y a toda madre.
Pero del 2...




O a ver, para que quede más claro, va la toma águila...



Que quede claro, ni ganas tenía. Y si tenía alguito pues se me quitaron de volada. 
Sin embargo, someto a los lectores de u.n.i.c.o. al siguiente sondeo:

¿Qué técnica emplearías para cagar en un baño público japonés? (A ver Bobby, a ver si muy chinguetas...)

Yo, por eso, mejor me aguanto (OJO: no se vale contestar eso eh).


Para Tomonari, que en primer día en el yapanís me salvo la vida.

Saturday, December 08, 2007

Macatónado

La escena es como de salón lleno de niños regañados. Todos viendo al cristal, sin voltear a sus lados por favor. Cuando llegué, varios ya se habían rendido y optaron por aplicar la de los brazos en el pupitre y frente en los antebrazos. Son las 3 de la mañana y nadie los culpa. Algo han de haber hecho.

Esto ocurre en un segundo piso, pero para llegar a él, todos pasamos aduana en la planta baja. Para pagar el arancel, tuve que voltear el menú a la versión en inglés. Aquí como no hay libras, no hay cuarto de libra (me recuerda al yuca: si pisa el césped será consignado, si no, no). Lo cual me deja de dos sopas, doble con queso o Big Mac. Ya ni pregunté si sabían hablar inglés, porque siempre responden lo mismo. A litoul (los pendejeas, pero siempre te entienden y hablan lo suficiente como para sacarte del apuro). Me llevo la Big, papas grandes (verdaderamente grandes, desbordándose del cucuruchín) y jugo de uva que es color naranja.

Regreso a la escena en el segundo piso. Me impresiona ver a todos ensimismados, cada uno en una actividad peculiar: un señor lee el periódico con la boca abierta (es el primer lugar al que llego y no compro el periódico. Obvio, no entiendo ni madres), tres ninjas escriben mensajitos, una geisha con chonguito tiene los dedos entrelazados y está metida en el castigo, otro señor escribe en una carpeta, y dos más contemplan el horizonte. Y claro, peculiares porque se trata de un McDonalds a las 3 de la mañana. En sábado.

Y si digo que algo han de haber hecho, es porque seguro ellos sintieron lo mismo que yo al ver la letra Más reconfortante cuando la cartera aprieta más que la tripa en horas extra (no hay M con curvitas en mi teclado). Yo regresaba de… bueno, iba de vuelta a mi hotel cuando me crucé con la M de Miguel Angel. Ellos, aplanando la nariz donde estuvo la McTeriyaki, seguramente estaban en condiciones mucho más deplorables cuando se rindieron.

De repente me dan ganas de vivir aquí. En serio. No tan bravos como en Madrid, no tan vivitos como en Roma, no tan secotes como París. Pero igual de patrióticos que los madrileños, de hospitalarios como los romanos y de extravagantes como los parisinos. Y fashion, muy fashion (Eso sí, también feos, muy feos).

Ya sé que otra vez la burra al trigo, pero, ¿por qué no podemos ser tantito así? Sólo tantito, como dicen por ahí, nada más la puntita. No son perfectos (de hecho son algo tiesos a la hora del desmadre), pero intentan serlo. Y no le ven nada de malo.

Estoy seguro que ellos se inventaron esa frase mamilona de que todo cabe en un huequito sabiéndolo acomodar. En todo el país hay 127 millones, y su territorio es menor al de Chihuahua y Sonora juntos. En México hay 105 millones. Y se los juro, por lo que más quiero, que no se ven apretados. Ocupan literalmente cielo, mar y tierra. Están cabrones. Su infraestructura es bárbara, su orden es religioso y su disposición es de tiempo entero.

De pronto, llega un señor vestido de gris, e interrumpe la contemplación del escenario. Uno a uno va avisando algo (o despertando, casi con cariño de abuelito, si es necesario). A mí también me lo dice, pero… yep, no entiendo ni madres. Todos se dirigen a un tercer piso. De la chistera me saco una puntada al señalar hacia arriba. Brillante y dificilísimo de pronosticar. Pero se repite el patrón. Uno pendejea y ellos te callan el hocico. Opstéeees. Toma paloma, hawk y chango tu banana.

Yo mejor me bajó. Acabé mi cena y vine a escribir. Por cierto, estoy en Japón. Y aquí lo pronuncian Macatónado.