Saturday, February 14, 2009

Pinche trompetista

Sábado 8:25 am. Diálogo entre mi subconsciente y mi consciente (o como sea que se llamen):

Subconsciente: Yavieneama.. necieeeendo, yalaluuuz deldiaaaa nos dioooo.... Lé... van... tatede... mañana...
Consciente: No no, ni madres. No tendría por qué chingaos estarme levantando. ¿Qué pinche hora es? No maaaaams, son las 8 y media...
S: Miraqueeee yamaaaaaanecioo....
C: Pta madre... qué chingaos...

Es 14 de febrero y sobran las mentadas para la quesque festividad mamucona de San Valentín. Volver a quejarme sería refritearme. Pero... es que el pinche día nomás no me pasa, por más que lo intento.

El viernes me dormí a las 4 am. O sea, no fue el pinche desvelón de mi vida, pero habiéndote dormido a esa hora está penadísimo despertarse 8:30. Y un PINCHE trompetista, sí, PINCHE trompetista, se encargó de tocar las putas Mañanitas al pie de mi ventana. Tres veces. Tres. Y arrancando desde el Yavieeeeeeeneamaa.....

¿Por qué? ¿Por quéeeeeeeee?

Decidí entrevistarlo:



Pinche día del amor y la amistá. No, mejor dicho, el día pinche del amor y la amistá. O algo así.

Mejor les digo, yo estoy enamorado. Profundamente.



Gracias Sports Illustrated. Gracias, muchas gracias.


Para los que sí celebran San Valentín. Allá ustedes.

Thursday, February 12, 2009

Michael Jordan y otros nombres francamente espantosos

Durante una larga etapa de mis años de prepo, los forwards (foguars) fueron una parte importante de mi vida (creo que para todos). Primero fue el fenómeno éste de 'mándaselo a 10 gueyes y dale una vuelta a la manzana y tu sueño se hará realidad', y luego vinieron fotos muy cagadas, y después, ya más evolucionado el asunto, videos y demás chingaderas.

Por supuesto, llega el momento en que los foguards te tienen hasta el copete y te dan una hueva tremenda. Pero ayer me llegó uno de Nabili Vanilli, por casualidad lo abrí, y me pude cagar de la risa un ratotote. Se llamaba algo así como... "¿No te gusta tu nombre? ¡No te quejes!"

Sin mayor preámbulo:







Por si no les abre la imagen (en orden de aparición):

Elton Jhon Herrera Orozco
Bruce Lee Antonio Félix Cabrera
Colorao Castillo Reynoso
Amarillo Polanco Florián
Pelao de la Rosa Ramírez
Anafe Sánchez Rojas
Nuevecita Colón Santana
Peligroso Suero Noboa
Toshiba Fidelina Gómez Peralta
Teamo Amador Montero
Papasito Luis Yois
Chicle Faustino Faesta Fostén
Popolón Rosario Fortuna
Wachi Ledesma Pérez
Barney Francfor Francis Samuel
Juan Pablo Duarte Pérez Baez
Winston Churchill de la Cruz Mercedes
Anal Rafael Amparo Tejeda
Singuenthon González Valera
Mazda Altagracia Ramírez Pujols
Chocha Colón García
Guebin Rondón de la Cruz
Cuca Altagracia Feliz Segura
Virus Margarita Hernández Madera
Chinchin de Oleo Javier 
Michael Jordan Abreu Peña

Jaaaaaaaaaajajajajaja....

Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajjaja...

Chistes que aplicables para estos gueyes:

- Oye, te amo. ¿Mande?
- ¡No se vale Chicle! Ay por quéeee, yo quiero jugar...
- Ay sí tú, quién te crees... Michael Jordan... Ay no maa... ¡En serio!
- ¿Cómo quieres hacerlo, Anal? No, a mí no me gustan esas cosas.
- Nombre por favor. Winston Churchill... Jaaaaaaaaaajajajajaja (ahí no hay chiste pero es que no mames, ¡Winston Churchill! jajajajaja).

Y todos los que gusten agregar.


Para Nabil, y su oportuno correo.

Wednesday, February 11, 2009

Las piedras rodantes

Nunca he sido fan de los Rolling Stones. No sé por qué, sólo sé que no lo soy. O no lo era hasta hoy.

Fui a ver Shine a Light. Hay quien dice que es un "documental" sobre los Rolling Stones, pero tiene de documental lo que yo de supersticioso (o sea, poquito). Se trata nada más de un concierto magníficamente filmado por Martin Scorsese en el Beacon Theater. Y está de poca madre.

Insisto, es esta la opinión de un no-fan, tal vez Nacho Arreguín o alguien acá muy clavado diga 'no maaaa, está rechafa y piterísimo'. Sin embargo, creo no necesitas ser un ultra fan de un grupo para saber si viste un buen concierto o no. Además, las intervenciones de Jack White, Buddy Guy y Christina Aguilera está deliciosa. Digo, están deliciosas.

Y Martin... Martin es un campeón. Porque además de la dinámica del evento, intercala unas imágenes increíbles de la historia de la banda. El resultado, un producto disfrutable para fans, e ideal para captar nuevo mercado como su servilleta.

Mis canciones favoritas del concierto: She was hot y Connection, interpretada por Keith Richards (hay quien no detecta el color distinto del texto normal con el de links, así que para los distraídos: denle a los nombres de las canciones para ir a YouTube).

Así que si les son indiferentes los Stones, vayan vayan vayan y dejen de decir semejante patraña.


Para aflojar el espíritu un rato.

Tuesday, February 10, 2009

Teté (1971-2009)


Una mañana de sábado, Teté estaba en su habitación, y en la tele pusieron Jurassic Park. Automáticamente comenzamos a reconstruir aquella salida al cine por la tarde a los multis que estaban frente a los Viveros (hoy es un Office Max). Ella lo recordaba un poquito mejor que yo. Esa fue la vez que nos presentó a Raúl. Después de la película, nos fuimos a "El Atorón", el primer restaurante famoso por su comatodoloquepueda por 50 varos. Después de semejante aventura, regresé fascinado.

Teté y yo coincidimos en que no puedes toparte con Jurassic Park en la tele, y no terminar de verla... aunque ya te la hayas chutado 47 veces. Antes, me había contado cómo se ganó la confianza de sus jefes en el trabajo, y cómo empezó a viajar por todo el mundo cazando costos, tomando fotos y adquiriendo nuevas aficiones hindúes. Su gusto por viajar era sólo una más de las coincidencias que me unían a ella: era la prima más grande de los Briseño (yo de los Said). Era hermana mayor. Se salió de su casa para rentar a los 24. Se quemó la pestaña estudiando y trabajando sin gran recompensa inmediata (ella en la aduana, yo en el periódico).

Ambos nacimos bajo el signo de acuario. Y compartíamos la simpleza, manifestada por una risa boba. La suya era inconfundible. Se dividía en dos. La preeliminar (ajajajoajaoajoaajoa), y la explosiva (huajajajahauajajaja). Esa risa nunca se extinguió, ni siquiera en los momentos más críticos del ataque del tigre que se la devoró el lunes por la mañana.

Todos los que la adoramos, recordaremos a Teté porque hizo muchas cosas por nosotros a lo largo de nuestras vidas. Pero, por lo complicada que fue su recta final, su sello perpetuo será el de la lucha por ser feliz sin importar lo lodoso del camino. Fue una gladiadora con manos delicadas y voluntad de acero. 

La dupla que formó con Raúl a lo largo de 20 años fue fenomenal. Por más que intento, no tengo en mente a otra pareja tan pareja como la de ellos. Se balancearon. Teté le enseñó a sellar su pasaporte, y él las bondades alimenticias de la garnacha. Raúl descubrió que las pecas hechizan, y Teté que las risas enamoran. De lo trascendental a lo baboso, Raúl y Teté forjaron una alianza envidiable, más allá del vínculo hombre-mujer: la mágica unión amigo-amiga.

Mi prima vivía de la chorcha y para la chorcha. Recuerdo que la famosa anécdota de "La Niña del Pretexto" fue originada por ella. A aquella mujer le llegué en segundo de secundaria, pero me arrepentí (qué raro), y luego me pasé dos semanas de vacaciones de Semana Santa tratando de ingeniarme cómo cortarla (les digo, no es nuevo esto de mi afán por las desataduras). Teté empezó a debraiar con que le inventara que no hablaba español, o que le confesara que iba pa'sacerdote. Acto seguido, todos mis primos le siguieron el cuento.

La alberca de flores en la que nadó ayer su féretro es sólo una pequeña muestra de lo que la quisieron quienes alguna vez la conocieron. Cientos de personas acudieron a su funeral para comenzar a recordarla como era, justo como se encontraba en esa foto gigantesca con el Taj Mahal como fondo: absolutamente bella, sonriente, mística y con el alma engrandecida. 

Después de pasar un purgatorio en vida, Teté compró el life-long-ticket al paraíso. Si todo en lo creo es verdad, ella estará en paz, descansando al fin y leyendo estas líneas. A Teté será imposible olvidarla, y cada vez que nos la topemos con algún legado que dejó en la Tierra, nos detendremos a acariciarla aunque sea con la memoria.

Y no podremos dejar de verla. Igual que a Jurassic Park.


Para Raúl, con toda mi admiración.

Sunday, February 08, 2009

Domar al tigre

Hay personas que viven al filo de la navaja por voluntad propia. Gente que se la rifa nomás por adicción, por gusto, por hobbie. Y por lo que dicen, se la pasan poca madre. No sustituyen por nada del mundo la adrenalina que les hace rondar peligros de todo tipo, mientras los demás dicen, "ay, pero qué ganas...".

Por otro lado, hay otras personas que viven al filo de la navaja porque el destino, o Dios, o la fuerza suprema, o simplemente la vida los puso ahí. Gente que se la rifa porque el tigre se les plantó en frente, y ahora no se van a quitar hasta domarlo... o bien, hasta que el tigre termine por devorarlos. Pero con estas personas, queda claro que por fuerza, lucha y voluntad, no quedará.

A este segundo grupo de personas, se les admira, respeta y quiere. Y se les apoya hasta el último minuto. Aunque tengan al tigre respirándoles en la nuca.


Para Teté, y su incansable batalla por seguir adelante.

Wednesday, February 04, 2009

Sara (¿¿¿¿-2009)

Ayer me estacioné en la cuadra del Purgatorio porque fui al club a tomar mi primera clase de árabe. De regreso, planeé pasar a saludar a la tía Sara, dueña de la Fortaleza, el edificio donde estaba mi antiguo departamento. Desde lejos, su penthouse se veía extremadamente oscuro y tenebroso. Lo que nunca.

Toqué y toqué… y Sara no contestó. No había portero desde que corrió a Flocelo. Marqué su teléfono y tampoco. A los cinco minutos llegó un Grand Marquis con Elvirita, mi ex vecina. No me reconoció.

“¿Eres el ratero?”, me preguntó (Cuando Sara corrió a Flocelo, un tipo honesto y trabajador, lo acusó de robarle una joyas). No, Elvirita, soy Miguel Angel, tu vecino. “Aaaaah ya me acordé, cómo olvidarme de ti, perdóname, estoy atarantada porque murió mi hermana Sara. Venimos de dejar sus cenizas”.

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Cuando decidí salirme de Eugenia, no encontraba una renta decente. Todas por la Del Valle y Narvarte excedían mi límite de 5 mil pesos. Corrí la voz para que alguien me avisara de una ganga. Un día, mi tía Amira, hermana de mi abuela, me habló para decirme que tenía una amiga con un edificio, y que podía negociar con ella que me rentara un departamento a un buen precio. Sacó la cita, y “Mima” me dio una instrucción clara: “Déjame negociar”.

Nos abrió un conserje. Después me enteré que Sara le apodaba Weaverman… por pinche huevón (tenía toda la razón y era un gran apodo). Pidió el elevador, porque para subir al PH tenían que mandar el elevador (amo ese detalle de opulencia en los edificios) desde el piso deseado.

Cuando se abrió la puerta, ahí estaba Sara. Sarita. Chaparrita, gordita, más paisana que el kepe bola. “¿Quién es ese galán?”, fue lo primero que dijo. “Oh, estate que es mi sobrino”, replicó mi tía Amira. “Y a mí qué chingados me importa”, le regresó Sara. 

Como lo u.n.i.c.o. que me interesaba era que me dejara baras un departamento. Apliqué el viejo truco de la cercanía. “¡Tíaaaa!”. “Ay mi amor, claro que soy tu tía”. Desde ahí dije, ya chingué. 

Mima es una negociadora implacable y me consiguió justo el precio que quería. A Sara lo que le interesaba era contarnos sus historias. Fascinantes. Resulta que ella fue productora de cine en tiempos del “Indio”, Infante, Negrete, y demás pléyade de estrellas. Sara Matuk. Según nos contó, la única mujer en el negocio, y nadie se le resistía para hacer bisne. Algo así como la Dama de Hierro del cine mexicano. Se arrancó diciéndonos que Luis Buñuel fue testigo en su boda con un doctor muy honesto y trabajador, mexicano. Pablo Marín. Que llegó Buñuel y le dijo, “ay Sarita, qué bien te ves a tus 23”. Y que aquella le decía “Luisito, tengo 33”. “¡Caramba, pues qué bien cuidada estás!”.

Esa fue la primera de 348 veces que escuché la anécdota de Buñuel.

En resumen, le dije que mi hermano y yo llegábamos para adquirir independencia, y que la íbamos a respetar mucho. Ella, desde el principio, nos trató poca madre y nos dijo que nos iba a consentir (a su manera). Lo hizo. Aseguró que le íbamos a dar vida al edificio, que en ese momento sólo tenía ocupado los dos departamentos de sus hermanas, y uno más por una familia que llevaba los siglos. Tras nuestra llegada, rentó todos los departamentos.

Nos dejó el u.n.i.c.o. lugar fijo de estacionamiento del edifico para que nadie nos molestara. Ni ella, vaya. Su Cutlass rojo y su Sable gris tenían que ser movidos por el Weaver para que no nos molestaran. Cuando corrió al Weaver por Weaver, Flocelo (sí, Flocelo) se encargó de esa tarea.

Cada mes tenía que subir con mi renta y con un recibo para que me firmara de aceptado. Ella desde el día 1 (3 de marzo de 2007) me dijo que me daría un contrato para que lo firmara y así ella estuviera segura (nunca lo hizo). 

Cada vez que subía, se encargaba de contarme la anécdota de Buñuel, y una que otra nueva. Que tocaba la guitarra, que bailaba tablao. Que llegó virgen al matrimonio. Que no pudo tener hijos biológicos y que tuvo que ir a San Antonio para adoptar a Pablito. Que Pablito estudió a Harvard y que trabajó en la Ford para “relaciones estratégicas”, y que la Nissan se lo llevó por chingón.

Conforme pasaban las rentas, fui dándome cuenta de que era completamente infeliz. Hablaba maravillas de su hijo y de su nieta, como si se llevara con ellos. Luego supe que se peleó durísimo con él porque se casó con una chica que no era de su agrado, y a la que Sara le hizo groserías que provocaron que jamás volviera a ver a su nieta. De a tiro por viaje me presumía las mismas fotos de la nena.

También me enteré después que estaba peleada con sus hermanas. El motivo lo ignoro. Igualmente, siempre mentaba madres porque su sobrino le quitó la herencia de su hermano Halim. Y de tal o cual vecino por tal o cual pendejada.

O sea, estaba peleada con todos. Y sólo a nosotros nos quería.

Cuando murió mi abuelo fue muy imprudente en la misa, pues en vez de ofrecer condolencias o lo que sea, se empezó quejar de que le dolían los ojos. Me dieron ganas de… bueno, me enojó mucho.

Un día le avisé que mi hermano ya no viviría en el departamento. Y, coincidencia o no, comenzó a sentirse más triste. Ya no se arreglaba para nada, ni salía tampoco. Peleada con su hijo, sus hermanas, su portero y el mundo entero, Sara no tenía para dónde hacerse. Me pidió que le imprimiera el texto de mi abuelo, y que se lo dedicara. Lo hice. Yo creo que fue su manera de decirme que cuando muriera quería el suyo.

Desde que viví solo, ella sólo se fue en picada. Un día me dijo que desayunó bien (unas campechanas). Me prestó el libro de Thoreau de entre cientos y cientos que le había dejado su esposo.

El día que le dije que me iba me tuve que armar de mucho valor. Sabía que iba a llorar, pero yo no podía doblar, debía seguir bromeando con ella, siendo franco, siendo sincero y escuchándola, como siempre lo hice. Era el único que lo hacía. Me pidió que no me fuera del edificio, que me dejaba quedarme sin pagar renta, que era como su hijo y que me quería como tal. Yo le creía, y me dolía dejarla, pero no podía quedarme ya.

Le di muchos besos y le dije que nunca podría agradecerle lo mucho que me ayudó al alojarme en el Purgatorio con tal precio y todos mis privilegios. Bajé por el elevador y no regresé. Nunca hablé más con ella.

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Entre los que estaban en el edificio cuando llegué, me explicaron que murió en su cama, y que la encontraron un día después de muerta, probablemente por un derrame cerebral.

Esa es la razón biológica. Pero ella no se murió de eso. Se murió de tristeza, de depresión, de soledad. Se murió borracha de melancolía sin tomar una gota de alcohol, porque la friega derivada de la muerte de su esposo, siete años atrás, le dejó una cruda incurable. Nunca se pudo reponer. Nunca quiso reponerse.

La conocí malhumorada (nunca conmigo), malhablada, y mal arreglada. Pero me hubiera gustado conocerla antes, con su esposo viviendo. O muy de joven, cuando era productora. Debió ser una campeona, me queda claro.

Nunca me ha cabido la menor duda de que soy un tipo afortunado, afortunadísimo. Dios me manda la gente exacta para ayudarme cuando y como lo necesito. Lo hizo con mi abuelo, y lo hizo nuevamente con Sara. Cómo negar la evidencia de que me la mandaron desde arriba, si se murió el 2 de febrero de 2009.

Se murió en mi cumpleaños.


Para Sarita, que hoy estará en el cielo, finalmente con su esposo al que extrañó tanto.

Tuesday, February 03, 2009

Acapulco como tradición

Listo, ya vine.

Por segundo año consecutivo me fui para los Acapulcos a festejar mis cumpleaños, y que se me hace que ya lo instituiré como tradición. Algo tiene ese lugar. Es el destino para el chilango, creado por el chilango. O sea, es como una sucursal de la Ciudá, pero con playa. Igual es caro, igual es chido, igual te tienes que cuidar para que no te transen, igual es sucio, y básicamente ves a la gente que acostumbras ver en el DF, pero con menos ropa.

Esta vez fue una invitación a cargo de mis primos Farid y David, la versión moderna, fresa y peluda de Los Dinamita. Unos amores de muchachos. Son tan lindos, que se preocuparon de prepararme un pastel para el día de mi cumpleaños. Qué repostería de mi tía ni que ocho cuartos. El pastel "Dolores" de mis primos es lo de hoy.

(Noten el detalle de la velita "Flama", que en su nueva modalidad duran 10 segundos, ¡2 segundos más de diversión y para que cantes Las Mañanitas a gusto..! Aunque tampoco tan lento porque el cerillo se apaga).

Acapulco es lo mismo de siempre, pero también evoluciona. En esta ocasión descubrimos que este asunto de "Vivir Mejor" ya se extendió incluso a los lugares donde la gente crudea de lo lindo. Sí, sí, ahora en Revolcadero ya no sólo te manejan elparachutelabananalamotoacuática, sino que de repente escuchas la promoción: "¡Presión arteriaaaal, se mide la presión arteriaaaal!"...

Ah chingá. 

Una señora con filipina (qué término, Dios mío) se va paseando de carpa en carpa para ver a quién le remuerde la consciencia y decide poner fin a sus días de briago para darle paso a una vida saludable. Carlitos lo intentó:

Diálogo antes de esta foto:

Carlitos: Señora, ¿me mide la presión arterial?
Señora con filipina: Sí hijo, a ver, deja tu cigarro.
C: No.
SCF: ¿No?
C: Bueno, a ver... deténganmelo.

Y así, está bien cotorro. Pero nada tan cotorro como lo que pude ver cuando entré a un Oxxo a comprar el Coppertone. Miren nada más la devoción de un pueblo para con su hijo pródigo, que curiosamente, festejó su aniversario un día antes que yo. Esta es la sección de espectáculos del Sol de Acapulco:

Roberto Palazuelos, Acapulco se rinde a tus pies.


Pus cómo no, ese muchacho es una estrella. Él invierte en Tulum, muy lejos de Acapulco. Mientras, acá lo adoran (Cualquier parecido entre mi color de los próximos días, y el del "Diamante Negro", es pura coincidencia).

En fin. Otra vez me la pasé poca madre en mi cumpleaños. Hoy faltan 364 días para el que sigue. Ya me quiero ir.


Para todas las personas que me felicitaron en persona, vía telefónica, mensajito de texto, mensaje de voz, comentario en u.n.i.c.o. y comentario en Facebook. Gracias, hartas gracias. Y en especial a Ximena por la invitación al tiatro.