Wednesday, November 26, 2008

Un saludo a mi abuelita que está en Toluca

En mi niñez, es decir, en los fabulosos 80, había dos frases particularmente cajoneras que se utilizaban en específicas situaciones para acentuar 1) lo malo que alguien podía ser en el futbol y/o cualquier otra disciplina deportiva, y 2) las emociones no controladas que podía despertar la televisión.

La primera era: “No manches, tú no le ganas ni al Pachuca”. La otra: “Un saludo a mi abuelita que está en Toluca”.

Yo no sé si era intencional ensañarse con sendas ciudades ubicadas en la periferia del DF (aquí sí aplica decir ‘DF’), pero alguien, probablemente algún tío o papá, según, las aplicaba sin chistar para mofarse o hacerse el chistosito en alguna reunión familiar.

El caso es que… pues ya nomás no aplican. De la primera, el sentido cambió totalmente. Para empezar, ‘no manches’ ya es socialmente aceptada gracias a Adal Ramones, y por otro lado, el Pachuca dejó de ser tan malo… como para no ganarle ni al Pachuca. Tienen hartos campeonatos, son interrrrnacionales, se bañan, y pues ya no aplica ni de broma.

La otra era para referirse a algún mortal entrevistado en la tele, que al verse rebasado por la adrenalina causada por un micrófono de Televisa, de esos con cajita amarilla y signito y bolita naranja, le mandaba saludos a su abuelita que estaba en Toluca, con su respectivo titubeo y brincoteo nerviosón, como gesto máximo de heroísmo… nacón.

La frase, quizá alguno de ustedes recuerde, pudo ser inventada por un comercial (como la de “Acapulco en la azotea”), o por un programa de sketches o algo así (se me ocurren… ¿Los Polivoces?). 

Pero si la del Pachuca ya no aplica, ¡¡esta otra menos!! Yo digo que todo cambió cuando inventaron esos programas de “revista matutina” que mi abuela tanto ama y que yo tanto odio. Ahí nació esa pinchurrienta sección de “Que todo México se entere”, y abarataron el “prestigio” de salir en la tele.

Entonces ahí tienen a Jacinto de Atlacayahualpa, Morelos, diciéndole a su novia Domitila que la quiere mucho y que le pide perdón por robarle los pasadores para su hermana. O a Dominga de Sacalerrehualco, Guerrero, mandándole besos a sus hijos que están con su papá de vacaciones en Veracruz e insistiéndoles en que se pongan la playera cuando se metan al mar, no vaya ser que se quemen.

Y luego, para colmo, llegó YouTube. Y entonces ya no es chido salir en la tele, sino tener un video cagado y recolectar millones y millones de clicks por una gran pendejada que normalmente sucede estando pedo. Y luego que llegue Gamesa y te pague un varo por repetir la pendejada en la tele, ahora patrocinada. Como Edgar, el primer gran ídolo YouTubesco: 



Omitiré, porque no quiero cometer un sacrilegio, al puto de Coyoacán Joe, que tuvo el mismo éxito que Edgar cantando una putería. Porque después se desató la ola de briagos famosos.

También está, por supuesto, el “Tengo Miedo”:



El Dios Eolo:



Llendo por la banqueta:



Dulce Sarahí:



Y el sacrosanto Canaca, que, oh coincidencias de la vida, murió atropellado… por una borracha:



Ahora las frases famosas las crean ellos: “Tengo Miedo”, “Yo no choqué, me chocaron”, “¿Y mis 50 mil pesos qué?”, “Apúntele bien”, “Me amarraron como puerco”, “El hijo del papá”, un laaaargo etcétera.

Pero vienen nuevas generaciones. Y, candidateado por mi primo Alex para ser el heredero de las glorias, les presento (por si no lo han visto)… ¡¡al Ferras!!



Yo digo que eso de “o la bebes o la derramas” tiene todo para ser memorable. Sí pega.

Por cierto, un saludo a mi abuelita que está en Toluca.


Para el Alex, el gran relator de anécdotas.

1 comment:

Lorena Ceballos said...

Yo no entendí, será por que no soy defeña?