Wednesday, June 03, 2009

Historia de un barro

Acabo de ir al baño a tronarme un barro.

(Silencio incómodo...) (Tos en el fondo del público) (Grillos cantando) (Bola de paja en el desierto) (Gota en el lavabo) (Niño llorando en el cine) (Al burro de Shrek se le truena la bomba de chicle)

Ok...

Lo que pasa es que cuando uno se deja la barba, nunca piensa en que criaturas tan repugnantes como los barros pueden salir en la parte donde nace el bigote, y que, como está poblado, pues resulta complicadísimo tronarse un barro. Tuve que urgar entre mis bigotes, crear una zona acordonada, y toma paloma, darle cran al alacrán.

(Gracias a HMI y a la tecnología Movistar por hacer esta foto posible)

Recuerdo cuando mi bello rostro estaba lleno de barros. Desde la prepa hasta segundo semestre de universidad padecí tal maldición. Creo, sin dudar, que mi cutis forjó gran parte de mis miedos y temores con las chicas. De la desesperación me los tronaba y pues poco a poco fueron dejando cicatrices en mi piel. En su momento fue un trauma absoluto. Hoy digo algo así como, "eh, sí, a huevo, claro, las marcas de mi vida". Pfffffff.

La erradicación de los barros en mi rostro aconteció en el verano del 2001, cuando Nabi y yo fuimos a trabajar durante el verano a Cuernavaca con mi tío Güero (que de güero no tiene ni las uñas). Mesereábamos y pendejeábamos todo el pinche día. Un día, atendimos a una producción cinematográfica que nos vio reteguapos y güeritos y nos invitó a protagonizar la película "Coronado". Sí. De extras.

Y pues fuimos porque nos pagaron buena lana. La película, nos prometieron, saldría en el otoño siguiente (la seguimos esperando). Ahí, en un inter, entre corte y corte, una señora chaparrita se me acerco con una de las vibras más chingonas que he sentido en mi vida.

Señora: "Oye, perdona la indiscreción, pero... ¿ya te has tratado tu problema?"
ChII: Sí señora, he intentado hasta caca de cocodrilo y nada me funciona.
Señora: Yo te los voy a quitar.

Esa señora se llamaba Lucy Ripoll. Fui a su consultorio y me explicó que todos los artefactos químico-físicos que me habían untado sólo me habían "pasado a perjudiciar", como dice Virgencita. Entonces, me recetó unas pastillas de GNC y me empezó a aplicar un láser acá bien Star Wars. Para cerrar... unas exprimidas de barro marca "Llorarás", que significaron el dolor más cabrón que he tenido en mi vida (después de parir a mis hijos, claro).

Se acabó el verano, regresé a México, pero semana a semana yo volvía a Cuernavaca al tratamiento que poco a poco me reestableció la piel y me reconstruyó el terso cutis que les manejo hoy (sí sí, ya sé, ya sé, intensos).

De todo eso me acordé ahorita que fui al baño a reventarme un barro en el bigote, sólo quería contárselos. Ja.


Para Lucy, quien debería llevarse un 15 por ciento de mis ganancias de taquilla.

5 comments:

in phidelio said...

¿Y en el espejo qué hay?

¿Realmente parece que te reventaste un barro o que te jalaste algo más?

David el Terrible said...

Hijole, che Mickey, me hiciste reir un ch

Abrazo

Reyeno said...

Buena historia, hiciste que recordara muchos momentos infelices con mis barros.

José Antonio said...

Lo mejor es que en el espejo quede embarrado el relleno del barro, jajaja

Plaqueta said...

Exprimir barros es LO MEJOR del universo.