Tuesday, June 16, 2009

El hermano mayor

Toda mi vida he cargado con eso de que soy "el mayor".

Típica línea de mi mamá desde chavitos: Sí, este es Rodrigo, y él es Miguel Angel, mi hijo el mayor. ¡Ay qué bonito! y ay qué... ¿alto?

Soy entonces el mayor de los hermanos, el mayor de los primos Said, el mayor de la clase. Y cargar con esa "responsabilidad" siempre implica ciertas actitudes y determina algunos comportamientos (normalmente): el heredero (ajá sí tú ¿de qué?), el que toma las decisiones, el que ejecuta, al que le obedecen. Por lo tanto, nunca había podido darme otras licencias que los "menores" suelen utilizar con maña y jiribilla.

Hasta hace poco.

Este año cumplo 10 años de conocer a mi hermano HMI, con quien he compartido sabores y sinsabores de la vida alegre. Sin embargo, fue mucho más para acá que tuve la oportunidad de convivir más con el gran Haissam, su hermano mayor, segundo en la dinastía de los Ibrahim Ibrahim Ibrahim Ibrahim (repítalo hasta el cansancio), y también conocido como Heishum, o "El Amigo de todos los niños... y de un par de niñas".

Fue en los escenarios de cruda dominguera, mientras HMI todavía estaba jetón y yo sin conciliar el sueño, a pesar de la desvelada, gracias a ese hábito de levantarme temprano, que comencé a platicar largo y tendido con Heishum, un devorador de deportes al igual que su servilleta, y que comparte una peculiar filosofía de vida, muy parecida a la mía.

Poco a poco, comenzaron las dinámicas cotorronas entre los tres en La Madriguera, con todo y la santa madre de los Ibrahim como testigo, a quien por cierto, habría que ponerle una estatua en el corazón de Polanco. Sesiones de dominó entre tres (de a 9 fichas), bellísimos y entonados cánticos europeos y villancicos navideños (en verano), kilométricas sesiones de eventos deportivos en la tele, y claro está, duelos a muerte de backgammon entre Heishum y yo.

Y aquí es donde la puerce tuerce el rabo. En los duelos amistosos, suelo vencer a Heishum y él a mí, en un saldo equilibrado. Pero en cuanto se calienta la mano, y decidimos ponerle un billetito para darle sabor, Heishum se ha encargado de sangrar mi cartera a niveles inhumanos. No ha habido vez en que yo salga de La Madriguera sin dejar un billete, o unos cigarros, o un café de Starbucks, o mi dignidad machacada en trocitos porque el gran Heishum tiene una suerte de faraón cuando se trata del backgammon con dinero en juego. Tiro que necesita, tiro que le sale.

Hay una lógica de vida muy básica en la que la experiencia siempre se impondrá sobre el entusiasmo del más joven, y es algo que no había comprendido. Cortesía de Heishum, y de esos grandes momentos en La Madriguera junto con mi hermano HMI, he probado las mieles de estar abajo en el árbol genealógico, donde el que está arriba pega más fuerte con las ramas.

No obstante, llegará el día en que el alumno aprenda de los enemil tropezones y vaciados de cartera para finalmente emerger y vencer al maestro. Mientras llega ese momento, mi estimado Heishum, te agradezco que ya tenga doctorado en "hermano menor".


Para la familia Ibrahim, que me adopta cada fin de semana (y me alimenta como Dios manda).

3 comments:

Anonymous said...

que te puedo decir...que no haya dicho antes ?? mmm...NADA!

as always welcome home!!

HMI

valeria said...

Uy te entiendo bien, yo disfruto muchísimo ser "la chiquita" jaja... se siente bien darnos cuenta de que podemos cambiar los papeles que marcaron nuestra personalidad, los que nos dieron en casa... te mando un abrazo...

Anonymous said...

Eso de la platica con quien sea y a cualquier hora creo q ya es de familia jijiji... muy bueno jiji