Friday, May 01, 2009

4 historias de Influenza

Tengo un problema con el cubrebocas: mi barba. Llevo 8 años (y contando) con el candado, y ya no me imagino sin él. Un día se me ocurrió quitármelo y me lo redecoré con pluma de lo traumático que fue. Los finos aditamentos que reparten en la redacción huelen a medicina para la tos, y eso lo hace aún más asfixiante.
Pero quitando el encierro bucal y el olor, lo más odioso es la poca ventilación que recibe mi barba. Nunca me había dado cuenta de que es una conglomeración de pelos (por algo las prohiben) y por lo mismo necesita aire. Así, a los 2 minutos de ponerme el cubrebocas, aderezado con este calor de mierda, mi bigote empieza a sudar como garnachera. Y no está chido.
Hoy ya tengo colección de cubrebocas en mi cajón. Están limpios, ¿alguien quiere uno?

I * N * F * L * U * E * N * Z * A

¿Quién será el primer valiente en ponerle a su hija "Influenza"? Van a decir que qué mamón, pero ya verán, no tarda. Carajo, he visto tantas pendejadas estos días, que no me extrañaría:
"Se meten a nadar con cubrebocas". "Corren a diputado por usar cubrebocas como sostén". "Ponen a la venta peluche de la Influenza". "Inventan playera alusiva a la Influenza". "Esto es un plan para ocultar la crisis" (sí claro, qué mejor: para ocultar una crisis choncha, crear una crisis chonchísima. Brillante deducción, Polevsky).
Mmmm, déjenme ver: Influenza Briseño. No suena tan mal...

I * N * F * L * U * E * N * Z * A

Ahora que han pedido pinchemil veces que nos lavemos pinchemil veces las manos con agua y jabón, me he acordado de mi abuelo. Alguna vez ya mencioné que él tenía las manos más chingonas del mundo. Del MUNDO. Rosas de tan limpias. Sabía cómo hacer espuma con cualquier jabón. Incluso tenía un cepillito especial para las uñas que siempre lucían impecables. Se hacía maniquiur una vez a la semana y le quedaban todavía mejor. Claramente, el primer metrosexual de la familia.
Cuando era chico, lo intenté imitar. Yo siempre estaba jugando basquet o fut o algo que me ensuciaba las manos, así que fracasaba diario. Un día se me ocurrió pedir maniquiur como el de Afif. Chale con mi jefa que lo permitió. Al otro día, no habían pasado dos horas cuando ya me estaban chingando en la escuela. Y descubrí que el brillo, a diferencia de la influenza, no se muere con agua y jabón.

I * N * F * L * U * E * N * Z * A

Evidentemente el guey que inventó los cubrebocas no era narizón. De lo contrario, hubiera pensado en un diseño industrial (jaja, qué tal Anita) mucho más adecuado para los que son como yo. La curva de los cubrebocas que reparten a diestra y siniestra no es lo suficientemente amplia como para que quepa mi nariz. Bueno, corrijo, no hay tal curva. Así que mi protuberancia expande a huevo al instrumento y entonces jala el puto plastiquito y lo lleva a hasta mi boca.
Es eso, o jalarlo hacia abajo, y que el límite superior del cubrebocas me llegue a media nariz y entonces la inercia lo lleve al barranco, caerá, y sólo tape desde mi bigote. Y éste sudará mucho. Carajo.


Para los que no se fueron de puente. Y también para los que se fueron, sin sentido, y están aburridos porque todo está cerrado y ahora están viendo una computadora. ¡Salud!

3 comments:

Anonymous said...

el ocio es la madre de todos los vicios y malos pensamientos...por dios que pase por ahi algun vende tamales pa que le tire un limon...jajajaj

HMI

Fa* said...

jajajaja opino lo mismo que HMI

... pero mejor invitame una cervecita, no?

Anonymous said...

yo opino que la crisis chonchísima sí puede servir para ocultar a la crisis choncha. porque la choncha sí es real, la chonchísima quién sabe.

Atte.

Evita Muñoz "Chonchita" (a) Juanmartín