Tuesday, January 27, 2009

Mi abuelo y yo

1) Mi abuelo desayunaba siempre lo mismo. En su charolita blanca con detallitos cafés, le subían un vaso con agua y Florida 7 aparte (horrible). Un vaso de jocoque aguado, y un huevo cocido. Todo se lo ejecutaba en 3 minutos y medio. Manejó la Rinbros manga larga, hasta los últimos años de su vida. Y sus pantunflas, mismas que por las noches arrastraba por los pasillos de la casa, y que avisaban que había que cambiarle al soft porn de Cinema Golden Choice para simular que veía ESPN.

Poco a poco le quitó elementos a su desayuno. Primero el huevo, luego el Florida 7, luego el jocoque.

Luego ya no desayunaba.

2) Me he cachado últimamente con un tic de mi abuelo. El que aplicaba para rascarse la cabeza. La parte más cercana a la muñeca se recargaba en un extremo de la frente, y con índice y medio se frotaba de lado a lado. Para disimular la pelona. Y siempre lo regañábamos porque de tanto rascarse le salió una alergía o algo así.

Yo apenas tengo entradas.

3) Jamás jugó futbol. Por más que rogué, supliqué, imploré... nunca jugó futbol conmigo. Eso sí, quesque me decía cómo "chutar". Debió ser malísimo de joven. Lo imagino como volante derecho, acá, muy farol, ocultándose de la bola pero haciendo como que no. Y chingando al árbitro toooodo el pinche partido.

Eso lo sacó mi hermano. Yo sí aprendí a chutar.

4) Las manos de mi abuelo eran envidiables. Las tenía, no limpias, impecables. De verdad. Estaban rosas, lisitas, chingonsísimas. Un anillo nada más, con un brillantito incrustado. Se hacía manicure, y ni de broma se le veían gay. Yo un día lo traté de imitar y ni de broma se me veía machín. Sus manos combinaban con el look de dandy de los 40 que manejaba.

De chavito, me iba los viernes a su casa a dormir, y me hacía masaje en la espalda. ¡Qué pinche masaje! Me quedaba jetón en la cama de latón, esa en la que me fascinaba dormir, y misma que años después condené y quería tirar a la basura ante la defensa casi espartana de mi abuelo.

Creo que le aprendí algo en esas artes del masajeo.

5) Mi abuelo era como Polo Polo. Contaba un chingo de chistes bueniiiísimos, tantos que es imposible acordarse de todos. En su gran mayoría el chiste acababa en una gran pendejada, pero no importaba porque ya te habías cagado de la risa todo el camino. Uno de los mejores era el siguiente:

Llega un cabrón muy emocionado a su casa porque se acaba de comprar unas botas de piel de cocodrilo. Excitadísimo, perfectamente ataviado con sombrero, traje, camisa y su nueva adquisición, llega con su vieja, y le dice, 'Mira nomás viejaaaa, miraaaaa, miraaa... ¿qué me notas de nuevo? (y mi abuelo bailaba, zapateaba muy, pero muy cagado).

- Nooo, pus nada viejo... (la cara de encabronamiento de mi abuelo era indescriptible. Verlo era el cielo de la risa).

- Mch, mmmta, ksss... (y se quitaba el sombrero y el saco). 'A ver, ora sí viejaaaa, qué me notas de nuevo eh, míiiraaaaaa' (y zapateaba más cabrón).

- Nooo, pus nada viejo... (mi abuelo se recontraemputaba más).

- Oquela (y el guey se quedaba encuerado sólo con sus botas). 'A ver pppiinnnnche viejaaaaa, qué me notas de nuevo, mira, MIRAAAAA'... (ya estaba en el suelo).

- Nooo, pus na...

- ¡Mis botas pendeja, mis botas de pielo de cocodrilo nuevas taradaaaa!

- Nooo, pues no seas pendejo viejo, ¡¡¡a l'otra cómprate un cinturón!!!


Llevaba horas tratando de maquilar algo para conmemorar el año de su muerte. No se me ocurría nada, mas que puras anécdotas. Entonces las empecé a escribir, y ahora podría seguir con 17 entregas más. Es la mejor manera de decirle a AFIF que lo extrañamos.

8 comments:

IN PHIDELIO said...

Recuerdo que hace un año (mañana se cumple) estaba yo en la chamba y me salí en la noche, con un tráfico de los mil demonios, para ir a la misa de tu abuelo. No sé xq, pero recordé mucho las misas post fallecimiento de mi abuela Esther en esos momentos. Estás acompañado y solo, quieres abrazos y a la vez no.

Creo que fue la primera vez que te abracé como se debe (y qué pinche mal xq llevábamos ya varios años como amigos). No sé, te entendí y te entendí realmente bien, así que el abrazo fue muy fuerte. Luego vinieron los muchos recuerdos compartidos, cada uno hablando de su abuelo. Recuerdo la plática ese mismo día en Plaza Universidad. Si no me falla el coco, fueron hamburguesas de Mc, y para no variar, manché mi corbata.

De esos días que no se olvidan por ser cotidianamente especiales.

Anonymous said...

Me perdiste por poner " pantunflas "


Repite conmigo:

pan- tu - flas


sin n.

Chanfle II said...

Duuuuuh, las que usaba mi abuelo eran pantuNflas, esas son más chingoNas, jaja.

Che gente ignorante, jaja

José Antonio said...

¿Ya un año? Según yo acababa de pasar, recuerdo perfecto el post de tu abuelo eque empezaba con el antojo de carnitas, luego o antes, no sé hiciste otro donde había una foto suya. Tu post me inspiró y casi mes y medio después hice uno sobre mi abuelito que en septiembre cumplirá 28 años de muerto. Este fue igual o mejor. Desde entonces sólo he escrito 18 post el último hace una semana y tú unos 200. Definitivamente necesitamos platicar más, vernos más y yo escribir también algo más.

Mac said...

Yo también tengo unas pantunflas. Con n.

Tish..Yupii Pa ti Yupii Pa mii! said...

Que bonito.. sniff. Recordar a los abuelitos es la onda! Yo tmb en mis post le dejo msjs subliminales a mi abuelita.. Y la mia lleva 6 años q se fue y es vdd uno puede sentarse horas y horas a platicar anecdotas de ellos y jamas te enfadarias...Seguramente tu abuelito tiene una cara hellmans leyendo tu post desde alla xD

saluditos!

Lorena Ceballos said...

Yo extraño mucho ami abuelito, aun no se cumple un año de su muerte, lo más cagado es ver a mi abuela tan triste.

Lo chido es tener esas historias para recordar...

odio a los anónimos culeros! los demás me caen bien

tu chica yeye said...

Y al final todos terminamos igual, como recuerdos. El que alguien los escriba nos hace inmortales