Monday, August 09, 2010

A 10 años de enseñarme todo lo demás

Tomé mi mochila (ya no había por qué llevar una), me fajé la playera (tampoco debí hacerlo), me tragué los nervios (en realidad no lo hice) y caminé a casa de mis primos desde donde partiría al lugar de los hechos.

Ayer hace exactamente 10 años sucedió, y probablemente nadie que coincida con dicho evento hubiera recordado el aniversario sin leer este post.

El 8 de agosto de 2000 fue el primer día de clases del semestre Otoño 2000. El 8 de agosto de 2000 entré a la Ibero. Ese día se me ocurrió revelar que me metía a la carrera porque quería ser cronista deportivo (asterisco gigante). No contaba con que Gómez Mont era el maestro con café en una botella de Bonafont de litro y medio, y me hizo narrar un gol imaginario en plena clase. Una aberración que aún lamento (porque lo grité como un gol heroico y Gómez Mont lo metió sin la menor gracia).

Decir que fue uno de esos días que cambió mi vida sería sobrevaluarlo. La verdad es que entrar a la universidad es un día programado para quienes se proponen hacerlo, no hay mayor significado por sí mismo. Lo que cambia para cada individuo es el dónde, el cuándo y el cómo.

Suelo alegrarme cada 8/8. Los detalles de hace 10 años los tengo muy bien grabados (creo). Supongo que era distinto, porque de entrada no tenía barba. Ésa salió un año después, junto con otras angustias y complicaciones. La Ibero me recibió sincera, debo decirlo. Con mucho maquillaje y una amplia posibilidad de elección. Lo u.n.i.c.o. que me impuso fue mi grupo de primer semestre, de donde conservo varias joyas.

No quería que este post se convirtiera en esta nostalgia, pero vaya, supongo que es inevitable. A una década de haber entrado a la Ibero, conservo mucho y poco de la universidad. Muchos de los objetivos, poco del idealismo que derramaba en los pasillos. Ese se quita con los años y te vuelves más práctico (que no necesariamente apático).

Lo que dicen es cierto. Lo que no te enseña la universidad te lo da la experiencia. La Ibero me puso todo lo demás. Un tremendo bonche de amigos y gente muy valiosa. Mujeres que adoro, amigos entrañables, y varias lecciones de cómo jugar dominó. Cientos de horas libres, jetas deliciosas en el pasto. La capacidad de reflexionar y sobrereflexionar. Vivir protegido y desprotegerse voluntariamente. Aprender a reclamar y a callarte el hocico. Saber que todo cuesta y que nadie regala nada. Descubrir nuevas rutas para llegar a tu destino con tal de esquivar el tráfico (también aplica para los coches). Entender que es mejor no estacionarse (mismo paréntesis que la aseveración anterior). Llevar tus metas al límite, y sobre todo, terminarlas.

A 10 años de entrar a la Ibero, volvería a entrar a la Ibero, fácil. Pero Dios, qué bueno que entre tus facultades todavía no está la de regresar el tiempo. De lejos se ve más fácil.


Para que se acuerde quien no se acordaba

5 comments:

In phidelio said...

Jajajajja, esos flashbacks tienen efectos terapéuticos. Si no existieran, se extinguiría una buena parte de uno.

azm said...

8/8 lo mejor de todo fue la banda, porque cada que nos topamos nos volvemos a sentir idealistas, prácticos, cotorros y volvemos a ser los vagos tirados en el pasto riendo de lo más simple

rodrigo said...

grandisimo post, tan cierto como los años q han pasado, pero dicen q uno mejora o empeora con los años, yo creo q vas pa arriba carnal!

Miranda Hooker said...

Un año después, luminosos, intensos, pensantes, dejaban a sus maestros con la boca abierta.

Ahora los veo como te veo llegando a sus metas y destinos; la admiración continúa.

Anonymous said...

Gracias por el recordatorio de algo inolvidable. Además, lo tomo como invitación a reflexionar lo que ha pasado en esos 10 años y a re-conectar con los objetivos que tenía en ese momento y volver a evaluar dónde estoy ahora y qué sigue.

Anaid