Friday, November 16, 2007

Espanglish

Las vacaciones son el verdadero Año Nuevo. La verdad es que no encuentro mucho chiste en festejar la transición de diciembre a enero con júbilo y entusiasmo, como si fuera un evento excepcional, cuando lo u.n.i.c.o. que implica es el cambio del calendario de las Tropicosas por el de la Zapatería ‘El Caldufo’. Las uvitas, las escobas, las maletas, la champaña y el jelengue éste de las estrellas de Televisa apareciendo en el ’10, 9, 8, 7…’ me parecen un conjunto de mafufadas tamaño jumbo. Ahora, que me parezca mafufo no quiere decir que no le entre (de hecho soy de los que organiza el bailongo). Pero el punto aquí no es mentar madres del Año Nuevo, sino explicar que la verdadera renovación de votos personales, al menos en mi caso, llega en las vacaciones.

El ritual dura meses e incluye la elección del lugar, el acompañante, el modus operandi, el permiso en el trabajo y el cálculo del presupuesto. Y hasta ahora, nunca de los nuncas me ha fallado. Siempre me la he pasado a lo grande. He descubierto países, ciudades, eventos, personajes, emociones, y lo mejor todo, vuelvo a la vida cotidiana recargado… aunque a veces tarde muy poco en embonar de nuez en la era del estreñimiento.

En este 2007, la idea inicial fue un viaje grupal a España, pero por cuestiones de presupuesto sólo HMI, amo del baile improvisado, experto en relaciones públicas y hermano de mi alma, decidió embarcarse en la aventura conmigo. Como compartimos la pasión por el futbol y el gasto aventurado sin importar la cicatrización, armamos el trayecto en el modo de turismo futbolero. Es decir, recorriendo ciudades interesantes de acuerdo a partidos atractivos celebrados en ellas.

Así, el calendario pambolero español nos llevó a Sevilla, Barcelona y Madrid. Y en un arranque de tripas, la súbita aparición de una agencia de viajes en Barcelona nos llevó también, inesperadamente, a Londres. Ahí el teatro sustituyó al futbol y nadie cantó ni gritó gol, pero no por eso bajó el standard emocional de la travesía.

Fueron cuatro ciudades en 14 días, pero pareció ser mucho más tiempo. Misteriosamente, desapareció esa regla del ‘cuando te la pasas bien se te va en chinga’. El recorrido estuvo deluxe y los días se fueron lentos, cadenciosos, disfrutables. Yo en mi papel de guía turístico-espiritual (el regreso de Lord Gandhi), y el Chad en el de esponja atmosférica, siempre dispuesto a moverse con el viento sugerido. Él, con el pincel del humor desenvainado. Yo, con la simpleza exponenciada. A eso súmenle el factor ‘me vale madres todo, aquí nadie me conoce’, y el resultado es un debraie exploratorio de altos alcances.

Como dice Polo Polo (Cuquita, op. cit.): chingue su madre el dinero, lo que importa son los amigos, ganar corazones. Con esa filosofía, y con el afán de no hacer un kilométrico chorizo de nuestras sacrosantas vacaciones, extiendo de manera puntual una minuta (para quien guste, seguro) del Espanglish Journey:

- El futbol en Europa es, valga lo explícito de la expresión, otro pinche pedo: la gente canta, se involucra, llena los estadios de todas, casi todas. En este rubro el Sánchez Pizjuán (se pronuncia Pihjuá) de Sevilla se lleva las palmas. Aquello fue un bacanal (claro, jugaban contra el Madrid). Nunca había visto en mi vida a tanta gente cantar con tal fervor en un estadio de futbol. HMI se convirtió en andaluz por 90 minutos y a mí se me quemaban las habas por unírmeles. Me dejé llevar, pero en quedito. Dos del Sevilla, naranjas pa’l Madrid. En Barcelona, dos para los culé(ros), nanais para el Rangers de Escocia (pero bueno, suficiente tuvieron con destrozar la ciudad con cerveza y su traducción digestiva). Otros dos grititos para el Chad. Pero vino el Bernabéu y ahí una genial remontada del merenguismo con una noche genial de Robinho. Y cuatro golecitos de un jalón para un servidor, además de mentadas de madre en vivo y en directo a Güiza, usurpador del festejo del Temo. Viva el futbol, viva el turismo futbolero.

- Si algo le tengo que reconocer a Timbiriche es que entre tanta música desechable tienen una premisa muy cierta: cantando, la vida es mejor cantando. HMI y yo lo comprobamos en cada calle, entonando bellas melodías de Marrano y Molotov. Ahora, en el repertorio familiar, apareció una versión del ‘Di porqué, dime abuelita’ detonada por los músicos experimentales en los espacios subterráneos de Barcelona, Madrid y Londres. HMI descubrió en mí al tenor del inframundo, así como mi verdadera vocación: componer musicales (ya planeamos la precuela del Señor de los Anillos, con HMI en el papel de Saruman de joven y sin barba... ni bigote, jaja). Entre notas altas, vibratos y gritatos, la música rigió nuestros pasos. Bendita sea. Y shot masaje.

- Y sí, efectivamente: me encanta el teatro, y me rayan los pinches musicales. Ergo, la idea de The Lord of the Rings en West End me intrigó desde el folleto. ¿Cómo meter 3 millones de cabrones digitales en un escenario de 10 x 15? Vayan a Londres y véanlo, neto no mames. Una onda acá como entre Cats, José El Soñador y el Diluvio que Viene, pero con más misticismo. Eso sí, me cae que yo haría mejor el papel de Aragorn. Al de la obra me cae que sí lo sacaron de su bosque (de Aragorn, claro).

- Si alguien hubiera escuchado las conversaciones entre Hadi y yo, una de dos: o nos tachan de pendejos, o no nos entienden. O mejor dicho, las dos. Este viaje sirvió para ampliar mi espectro lingüístico. Ya sé, ya sé, es muy local y pocos (o nadie) le van a capizcar, pero os presento los siguientes conceptos (por orden alfabético): Barbados Nassau, botiga del Barsa, Caca Cola (o Kola Loka), escocés en Barcelona, guapito, José María LaFragua, mamador (su confirmación) y tren suburbano, entre otros (Los conceptos aquí mencionados no aluden a su definición literal. Derechos reservados).

- Consejo de papá: no tomen nada en Madrid que no sea cerveza o que no vean que se los destapan en su jeta. De lo contrario, se los advierto, terminarán robándose los lentes de alguien más para bailar solos en un pista (aunque jamás hayan usado gafas) o tirarán chupes carísimos en la calle, o malacopearán como nunca, o crudearán de lo peor. Ahí está el consejo, luego no digan (Cualquier coincidencia con lo vivido en este viaje es mera coincidencia).

- Siempre de los siempres diremos que las viejas en Ciudad Blá están de nomames, mucho mejor que en México. Y casi nunca será verdad, porque en todos lados hay guapas y feas (y muy guapas y muy feas). Pero en Sevilla, en Sevilla SÍ, DE VERDAD, SIN EXAGERAR, ESTÁN DE NOMAMES. En un descuido me les voy para allá y pongo mis huesitos a su disposición. Igual y estoy exagerando pero… no, ni madres. Denomames.

- Por último, otro consejo: si deciden viajar con alguien elijan a quien más confianza le tengan. El éxito estará garantizado de principio a fin. Y la plática nunca se acaba. Y si se acaba, siempre podrán cantar. En voz alta y sin pena. Y hasta pedir dinero por ello. Y hacerse millonarios... bueno, eso no, pero sí extremadamente felices.


Con todo el cariño, para HMI y su espectacular compañía.

6 comments:

Anonymous said...

GRACIAS.

HMI

IN PHIDELIO said...

Cuando uno pisa Europa ya de por sí la sonrisa se extiende dos centímetros más. Ahora bien, siempre en un viaje al otro lado del charco, hay una rola que se queda como "la del viaje" (no de las del iPod, sino de las que allá se escuchan). ¿Cuál fue?

Ixchelita said...

No tengo idea si las mujeres de Sevilla son guapísimas, de lo que si lo estoy es que los hombres de italia pasan los límites establecidos por la ley.

Es un gusto tenerte de regreso

Mac said...

Me imagino lo pintoresco de estos dos alegres compadres entonando a Grupo Marrano en Las Ramblas...

Mareada said...

Cómo MARRANO!!! De perdis al muerto más famoso...el mismísimo Gallo de Oro...
En fin, si las sevillanas son tan guapas entonces Miguel Bosé tiene razón:cantare, y enloquecere
sentire, puñales de placer...
En fin, es bueno que te la hayas pasado muy curada y que el compa que te acompañaba estuviera acopladísimo, así se disfrutan más aún la aventura...
P.d. Gracias por compartir un poquito el viaje!

JC said...

Uy ni una mencioncita por mi amable hospedaje en sus camitas aplicando el San Borjazo? Snif.
Ahora que vaya quiero ver esos lentes!