Saturday, July 17, 2010

Detalles cotorros de Monterrey

Nunca me había dejado la barba completa. Salvo un fallido intento en el 2005, decidí que no era el look más adecuado. Pero el asunto era que en 2005 traía un cachete digno de Óscar Cadena y obviamente no aplicaba. Ahora, con motivo de mi residencia mundialista en Monterrey, varios compañeros quedamos en dejarnos el pelo facial durante la Copa, que dicho sea de paso estuvo bien chingona.

Así, llegué a un punto donde me veía:


Con ese look, me recordé a…


O incluso a…


Eso fue por dejar el libre albedrío del crecimiento capilar. Sin embargo, una vez afinadita, quedé a las de acá…


Quióbolas.

La barba fue uno de los features principales en mi viaje a Monterrey. Pero muchos otros tenían que ver, por supuesto, con varios manejos lingüísticos un tanto extraños. Entiendo los usos y costumbres de cada región de esta peculiar nación, pero nunca entendí por qué en algunas puertas decía así…

Nosotros muy obedientes, hacíamos flexiones y estiramientos. Supongo que lo ponen en la chamba como consejo para no entumirse después de tantas horas nalga.

No salí gran cosa. Realmente, entre la chamba y la psicosis por tanto balazo en cualquier lado, no había mucho margen como salir a reventar la ciudad. Lo que sí, me quedé con ganas de visitar cierto lugar ubicado cerca del Obispado, silenciosa colonia donde nos ubicamos. Reposando enfrente de un cementerio, el misterioso sitio corría con uno de los mejores nombres en la historia de los bares. Se llamaba… “El más allá”.


(Favor de no espantarse si un fantasma decide brindar con usted).

Donde sí comí en repetidas ocasiones, fue en “Las Alitas”, una historia de esas tipo Cenicienta, de una franquicia tipo Chili’s, fundada por un cabrón que era mesero de dicho restaurante, que le aprendió al negocio y puso un puesto de alitas en plena calle. Al guey le salió tan bien el tiro que comenzó a crecer y crecer y ahora vende franquicias de “Las Alitas” en un varo bastante considerable. La comida es maravillosamente gringa, y lo mejor es que tienen una amistosa mascota llamada Wingalesio.


Otro de mis lugares recurrentes para cenar, era “El Rincón del Taco”, cuyo único mérito era estar justo a la vuelta de la casa. La comida estaba buena, pero te cobraban como si las vacas fueran sagradas. Tantas veces fuimos que ya entrados en confianza me dejaron ver una de las 7 maravillas del mundo gastronómico: el trompo de pastor más pequeño del mundo, tan pequeño que la piña y la cebolla son del mismo tamaño.


Hambriento y botijón, me lo pepené de un bocado.

(Noten por favor la percha para agarrar la tortilla)

Les digo que los regios son buenas personas, al grado que a los empleados del mes en McDonald’s les dejan poner una foto de su más reciente vacación campirana para celebrar su triunfo, en vez de la típica foto burocrática con fondo gris oficina.

(Ana Karen: recuerdos de Tequisquiapan).

Eso del cabrito es puro cuento. El platillo típico de las nuevas generaciones de Monterrey son los Tacos Dorados de la Alberca.


(No tuve el placer de probarlos, soy alérgico al cloro).

Precisamente en ese local, me percaté de algunos otros casos de un léxico un tanto complejo. Por ejemplo, con la palabra Abierto se permiten muchas libertades. Según entendí, cuando hablas de un restaurante Abierto, se escribe de una forma…


(Y cerrado va entre comillas, porque caray… es un decir, no?).

Y por otro lado, cuando hablas de un Hotel Abierto, se escribe de otra forma…


No sé si sea Habierto porque son las 24 horas, o porque te cobran sólo 100 varos por 3 horas. Me quedaré con la duda.

Ya fuera de broma, Monterrey me trató bien a pesar de que a Monterrey le estaba yendo de la chingada. Los pinches hampones se traen de encargo a la ciudad, y para colmo un inmisericorde huracán les complicó la vida todavía más. Con todo y todo, hay gente chida que se esmera en tratarte bien (excepto los taxistas, coño, qué malos son).

Después de este verano, no veré igual a Monterrey. Recordaré esos días con nostalgia mundialista, como el prólogo de esa gran etapa que está por venir: el resto de mi vida.


Para los demás Hijos del Obispado y sobrinos de las Tías Pechochas.

8 comments:

René said...

hola! buena historia, yo viví un año allá pero soy del DF, y la neta si extraño mucho MTY.

In phidelio said...

Buen post, cotorrón, como dices, pero siempre una foto de cel al espejo es mamadora.

Mac said...

Carajo! Yo me la viví en Las Alitas la última vez que fui y nunca vi a Wingalesio!!!

Y por cierto, no mandes a Ana Karen tan lejos, probablemente sólo fue a Cola de Caballo o Chipinque, o peor, al Parque Fundidora, jaja.

Miranda Hooker said...

Muy profesional para preparar el taco al pastor. ¿Dónde fue el budín azteca?

PRiNcEsS jAnNe said...

Buenísimo. Me encanta que hayas aumentado tu léxico, digo, por aquello de la edición jajaja. Me mataron las fotos.

Gallo said...

Oye no te burles qeu soy Regio! pero mira que me has removido recuerdos!

Las alitas, así es una historia de éxito que le dio al Chilis en su mauser!

Espero volver pronto a mi tierra, me apena leer que ahora,Monterrey solo se relaciona con balazos, antes se hablaba de lo codos que eramos, ahora de la inseguridad que vivimos.

azm said...

dos apuntes a tu post compadre:
1. lograste escribir uno de esos post larguísimos que no quieres que se terminen
2. me impresiona y congratula tu esbelta figura, si así hubieras llegado a la ciudad condal hubieras sido el verdadero kaiser de catalunya
Te mando un abrazo

Anonymous said...

Me encanto en el post, como dirian mis amigos regios "te la bañaste". angieyoll