Wednesday, March 03, 2010

El Arquitecto

Cuando tienes 10 años, sólo necesitas que alguien te haga reír. Cuando tienes 14, necesitas que alguien te diga que no siempre vas a ser la criatura más horrenda del universo. Cuando tienes 18, necesitas que alguien le dé sentido a tu vida. Y cuando tienes 21, necesitas alguien que te la resuelva con unas palabras.

Los requerimientos siguen con el paso de los años, y lo ideal es que sea la misma persona que apague todos los fuegos. Así ha sido en mi caso, gracias a un personaje cuya grandeza radica en la nunca aceptación de la misma, lo cual la multiplica a la n potencia: mi tío, el Arquitecto.

Dicho personaje creció en la misma casa donde yo crecí. Hermano de mi madre, hijo de mis abuelos, "El Gordo" padeció las mismas monsergas que a mí me tocaron. Es decir, a él también lo alimentó mi abuela con la inentendible manía de hacer bebés de engorda en cuanto tenía un chamaco en brazos. Vivió bajo el régimen de Afif, más jovial y energético, pero también más agresivo y enérgico. De extracción lasallista, pasó por la misma prepa que yo, aunque él salió con el título de "malandro honorario", mientras que yo me las di de mosca muerta.

A Héctor le agradezco haberme enseñado los principios básicos de la vida, siempre de una manera ilustrativa, como con ese pasaje del pintor José Luis Cuevas, quien decía: "La clave de todo está en que todo el mundo crea que estás completamente loco".

El Arquitecto me inculcó siempre hacer lo que quisiera de mi chingada vida, una idea tan sencilla como subestimada. Me obligó a privilegiar el hacer sobre el no-hacer, a atreverme en vez de intimidarme, y disfrutar en lugar de sufrir. Un manualito bien sencillo que pocos tenemos la fortuna de conocer a tiempo, cuando somos discos vírgenes, receptivos a cualquier mamarrachada que se cruza en nuestro camino.

Al Arquitecto también le debo la saludable costumbre de la reflexión y la meditación. Él me prestó ese libro de "Percepción Extrasensorial" que tanto me ha ayudado (neto que sí sirve putos, ingenuo aquel que se burle). Me fomentó los deportes de raqueta, con ese "hay que ir a todas" que sirve igual en la cancha que en la vida. Gracias a él intenté ser vegetariano: él duró 8 años, yo 3 meses.

El legado de una persona se mide por las huellas que dejó en la Tierra. "Por sus frutos los conocereis", ha insistido el Arquitecto, a quien considero mi gurú, mi máster, mi guía que hoy cumple 50 años. Me considero una persona feliz, y esa felicidad hubiera sido imposible sin él. Porque a los 10 me hacía reír, a los 14 me subía la autoestima, a los 18 le dio sentido a mi vida y a los 21 me la resolvió con unas palabras. Y a los 22, y a los 23, y a los 24...

Y lo seguirá haciendo.

6 comments:

rodrigo said...

grandisimo post!! MUCHOO MI ARQUI (como diria AFIF!)

In phidelio said...

Hace unos meses, quizá a mitad del 2009, fuimos a casa de tu abuela a la hora de la comida, mientras escuchábamos a la súper nenorra de Metric.

Envolvimos un regalo y me topé con tu tío (según yo, de quien hablas).

Me cayó ATM. Apenas unos minutos y ya daban ganas de ir a echar unos quiebres con él. Por alguna razón, me dio serenidad, no sé, muy buena vibra.

Ya luego nos trepamos al carro a seguir oyendo Metric (remember?).

De esos días que nacen olvidables y terminan inolvidables.

Chanfle II said...

Ese mero es el Arquitecto! Su sabiduría es tan grande como su nariz jajaja

chocolate., said...

bueno

Anonymous said...

gracias por esas palabras, lo que no sabes es que el que gana soy yo.
respecto a mi narízdeben recoconocer que es muy atractiva... en otras latitudes.
saludos del arqui

Miranda Hooker said...

O sea que sí sabes jugar badmington! Tanto te burlaste de mí.

Uno es el arquitecto de su propia vida. Qué fortuna para tí conocer a alguien que lo haga con tanto corazón y qué fortuna para él, tener a alguien que, con su cercanía, lo aprenda y lo reconozca.